miércoles, 31 de marzo de 2010

ABRAHAM VALDELOMAR, LA DANZA DE LAS HORAS


Hubo alguien quien hizo bailar a las horas, al ritmo de la nostalgia, la esperanza, la vida y la muerte. Hubo quien habló del silencio al compas de las olas recordando su infancia. Hubo quien llorando escribió los versos de una poesía de tragedia lleno de hogar y melancolía. Hubo quien desnudo a la tristeza y en una danza hizo parecer al sol como un niño juguetón por la mañana. Fue una danza la que él bailó, su nombre, Tristitia.

Pedro Abraham Valdelomar Pinto, iqueño de nacimiento, fue un escritor completo pues abarcó prácticamente todos los géneros literarios conocidos. Sin embargo, lo mejor de su creación ficticia se concentra en el campo de la narrativa de cuentos, pues si no me creen quién no ha escuchado de El Caballero Carmelo.

Valdelomar no solo se dedicó al oficio de ser escritor, sino también incursionó en otra arte, que es el dibujo. Se empleó como dibujante en varias revistas donde también trabajó como director artístico. Su reconocimiento, su celebridad y su egolatría, le valieron el sobrenombre de “Conde de Lemos”. Abraham Valdelomar es un caso excepcional dentro de la literatura peruana. Elogiado y atacado en vida como ningún otro escritor de su país, estuvo decidido a triunfar en su medio para lo cual no dudó en adoptar posturas desafiantes y escandalosas a la manera de Oscar Wilde, a quien seguramente quiso imitar. Sin embargo, detrás del decadentismo que solía mostrar en público y su apego a las frases brillantes e irónicas, se descubre un auténtico temperamento artístico, lleno de sentimiento y tristeza, que se manifiesta en sus mejores poemas y en los cuentos criollos.

Me despido con unos cuantos versos hurtados del poema La danza de las horas y si quieren saber más de Abraham, empiecen por leer las obras que dejó, ya que en ellas encontrarán el espejo donde al fin uno se puede desnudar en silencio.

Hoy, que la noche tiene una trágica duda
en que vaga en la sombra una pregunta muda;
en que se siente que algo siniestro va a venir,
que se baña en el pecho la tristeza desnuda,
hoy quisiera morir...

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