miércoles, 29 de junio de 2011

El Milagro de Oswaldo Reynoso


 Extracto de la novela: En octubre no hay Milagros.

<<- Si lucho no consigue casa, ¡Dios mío, qué será de nosotros! Dijo doña María, sentándose en la cama de Bety. Miguel botó las frazadas y comenzó a vestirse. Carlos entró al dormitorio. Bety terminó de pintarse las uñas.
- Miguel que está de vago ha debido buscar casa.
- Mira, Bety, no te metas conmigo, ¿ya?
- Sí, sí, tú tienes la culpa: eres un vagoneta.
-Por favor, Bety, ¡CÁLLATE!
-Todos los de la quinta han encontrado casa: el papi de Mery encontró casa aquí no más al frente.
- Sí, qué fácil es hablar: “aquí no más al frente”, todo el barrio sabe que el dueño de esa casa quiere vivirse con tu Mery.
- ¡Mentiroso! Eso lo dices por despecho, Mery ya no quiere saber nada contigo.
- Ves, mamá, cómo esa Bety me molesta.
- La señora Del Carpio se fue a un chalecito por Matute.
-¿Señora?, si es una de ésas.
-¡Chismoso!
-¿Y los escándalos que hacía?
- Hasta los Rodríguez se fueron a casa propia, ¡si vieran la casa que tienen en la Urbanización Jardín!
- Y quién no sabe que el Rodríguez era un soplón que andaba con ladrones.
- ¿Y qué dices de los pobretones del fondo, ah? ¿acaso ya no están bien instalados en Pueblo Libre?
- Con todo lo que roba el Tuerto yo estaría en Monterico.
- ¡Envidioso!
- ¿De qué?, ¿de qué? Habla.
- Sí, la envidia te hace hablar.
- ¿Y por qué no hablas de los Tapia, ah? ¿acaso no quisieron llevarnos a esa barriada y tú, la muy señorita, gila del blanquiñoso, no dijiste: ni que estuviéramos en la última lona para vivir con serranos?, ¿recuerdas?, no, ¿ah?
Miguel en bividí, colérico, paseaba de un lado al otro, por el estrecho dormitorio. Bety, arrimada al ropero, llorosa, dijo: Qué vergüenza, ¡qué dirán mis amistades!, ¡botados como gitanos!
- ¡A la hora!: debes tener vergüenza de otras cosas.
- Ves, estás viendo, mami, cómo ese Miguel vuelve a insultarme, lo oyes, ¡y en tú presencia!
Entonces, Carlos, sin decir nada, se sentó al lado de su madre. Luego, abrazándola, le dijo: Viejita, no llores.
- Todas nuestras cosas en la calle, qué dirán los vecinos, los catres, la mesa, los cubiertos, la porcelana, el cuadro del Señor de los Milagros, y dónde dormiremos, ¡Virgen Santa!
Miguel, poniéndose en cuclillas, tomó las manos de su madre. Y Bety, sentándose al lado de doña María, la abrazó.
- No llores, viejita, verás cómo el papá consigue casa.
- Sí, viejita, ya no llores. Dijo Carlos...>>


La literatura fresca de Oswaldo Reynoso, se mueve en tiempos reales e inhóspitos, donde una sociedad desconocida se enfrentará a la cruda capital peruana. El acento que se emplea inevitablemente se muestra en líneas influenciadas por la ideología comunista, social, y progresista de su creador. El arte del arequipeño, es fugaz y rauda, que provoca escándalo en sus propios personajes, al reflejarlas en un lenguaje urbano y ensalzado de una Lima mestiza y profunda. Como diría el escritor Washington Delgado: “Es un cuadro sombrío y terrible, pero también hermoso y rebosante de poesía.”

En Octubre no hay Milagros, el autor devela su estilo particular de ver al mundo desde los ojos populares que hacen frente a una sociedad aristocrática con grandes grupos plutocráticos, que manejan el país velando sus propios intereses, que afectarán a los más desamparados. La pluma peruana se rebela y hace una clara pregunta que se suspende entre interrogante sin respuesta, ¿existen verdaderamente los milagros? Y si existen, para qué tipo de clase social. Esta novela se despliega en la vida paupérrima de la familia Colmenares, las necesidades que los agobian junto a los sueños que aspiran a tener una voz. Oswaldo Reynoso parte de la costumbre y fiel tradición del Señor de los Milagros, donde la fe es la única fuerza de los pueblos, de esa raza negra y criolla, en la cual el hombre se aferra cuando se encuentra en un mundo solitario, que cruza los brazos y espera una sociedad más justa. En octubre no hay milagros para  los pobres, aunque son ellos... quienes se aferran más a la vida.

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