domingo, 20 de junio de 2010
Del Hijo a su Padre
lunes, 30 de noviembre de 2009
El fin del Nublado
Pedrito Fuentes, mi hermano, tenía fiebre la noche lúgubre que bañaba de aguacero nuestra pequeña casa. Mamá no conciliaba el sueño, le miraba preocupada tratando de curarle con voz de alivio, pero aún no hallaba ninguna mejora en él. Pedrito se extendía de dolor en la cama ciega, se le nublaban los ojos pero él no lloraba, se comprimía los puños que holgaban flácidos y temerosos, mordiéndose los labios para que no estallen de lamentos. Controlaba el dolor para no quejar, “ya estoy mejor, esto, también pasará” nos decía con aquella voz que parecía perderse. Pedrito Fuentes, mi hermano, sabía que en casa el dinero era precario, que comprar salud era un lujo caro. Nos quedaba conformarnos con la sopa hervida que preparaba mamá Asunta, “toma papito, come la sopa” dábale en la boca el calor de una madre, pero aquella fiebre intermitente no cesaba. Pedrito Fuentes, mi hermano, me decía en las tardes invernales del frío junio, que a la pobreza no se le debe temer, a la pobreza había que hacerle frente, que el hambre muda solo habita en la mente, que de pan no vive el hombre sino de oraciones se llena el alma. La pobreza paupérrima que pasábamos en casa era por culpa del Nublado, aquel moustro escalofriante que nos hacía daño en este sufrimiento que era compartido por las horas del pesar, de la noche que transcurría lenta, tan silenciosa, tan dolor, tan callada.
Mamá Asunta seguía velando con su mirada tristecita a Pedrito Fuentes, mi hermano. Le miraba con aquellos ojos débiles y complacientes tratando de ayudarle, se golpeaba el pecho una y dos veces y al terminar confesó llorando “es mi culpa papito, es mi culpa tu dolor”. Lo más desgraciado de un hijo era ver llorar a su madre y no poder hacer nada y no poder consolarle. Ante su desdicha nombró una vez al Nublado, reprochándose toda culpa y todo dolor ajeno, ya que la fiebre de Pedrito Fuentes, era producto de una riña a muerte que tuvo con aquella larga bestia de hombros como de roca, de la voz gruesa, torpe y vieja de insoportable sonido que hundía sus garras toscas y ensanchadas sobre la piel de cualquiera que le enfrentase, cual bestia sin corazón degollaba a su víctima como si fuese un verdugo que matara sin ninguna pena. Era el nublado y a lo inevitable había que hacerle frente.
Los truenos resonaban en las calles con mayor triunfo, mostrando la lozanía de su eco constante, las gotas de lluvia se estrellaban en el techo de estera, era el Nublado, había llegado a casa. Un trueno resplandeciente iluminaba la gigantes sombra que avanzaba reconociendo cada espacio, dejando su escalofriante silencio de aquel espeso respirar. Se acercaba despacio y muy jadeante como cuando se viene la muerte, tan callando. Desde los rincones de la alejada cocina se escuchaba la furia desbordarte de la larga bestia, todo se empezaba a tumbar, los platos de la alacena comenzaron por caer, las sillas y el resto de la mesa eran batidas por su ardiente cólera, tan solo esperaba un retador, al desafiante Pedrito Fuentes, aquel gallardo soldado de cara pálida, delgados brazos, y años mozos que poco podían hacer contra el Nublado. Mamá Asunta se aferraba al rosario clamando misericordia “es el fin papito, es nuestro fin”. Pedrito Fuentes trató de incorporarse pero la fiebre le había vencido. Todo parecía estar escrito por el Nublado, una noche como tantas del invernal junio, volvería a hundir sus fieros dardos sobre nuestra temerosa piel.
Luego de secar las lágrimas, me incorporé marchando hacia lo desconocido, dejando atrás a mi hermano Pedrito Fuentes y a mi dulce madre Asunta, fallecer, crucé tímidamente por la cocina con mis pasos solitarios, contemplé al Nublado por última vez, a mi padre ebrio que el trabajo le había cambiado. Crucé el umbral del dintel de mi propia sombra, era el fin del Nublado y el comienzo de un nuevo destino. El frío me mordía la piel de mis entrañas tímidas, corazón de niño, la lluvia había cesado, yo era más fuerte, me abría un camino andando, silbando más fuerte que los truenos para no sentirme tan solo en las calles de junio invierno, crucé por fin la puerta de la quinta, la casa de sombra negra. Afuera el farol de la calle me alumbraba el único camino, el de la noche más larga de mi infancia que hoy recuerdo, noche dormitada donde todos sueñan y nadie escucha tus lamentos, horas del pesar que transcurren lentos, tan silenciosos, tan dolor, tan callando.
Escrito por: Abel del Valle
sábado, 29 de agosto de 2009
Lacrimosa soledad

y no se despeja de mis ojos todavía
el beso que se mece con dulzura
cuando al verte, el alba florecía.
Negra, sombra, negra…
Empozaste en mi alma
un elixir de tu vida,
recorriste por mis manos
una tibia caricia.
Negra, sombra, negra…
Sembraste en mi árido pecho
granos de abriles risueños
que ahora, en el frío lozano
es cara de orfandad y tristezas.
Negra, sombra, negra…
Y de lejos me miras, de lejos
ya no quieres mi sonrisa,
inmensidad de noches consteladas
se apagan al no tenerte como la oscura.
Negra, sombra, negra…
En esta vida que no me cambia,
de lágrimas se dibuja un recuerdo
como al pensarte la herida no cierra
el umbral donde abrazo la nostalgia.
Negra, sombra, negra…
Y, sollozando voy soledades
repitiendo una y otra callando.
¿dónde están los amores?
¿dónde están nuestras copas?
¿dónde está mi dulce alegría?
Negra, sombra, negra…
sábado, 25 de julio de 2009
Cielo Nublado

enfermedades que no dejan ni orando.
Oyendo y despertando los reclamos
trémulos a sonar sin descanso.
Sollozando el viento la partida
el dolor de la madre afligía.
No hay preocupación maldecida
que la vida hecha agonía.
Y, si existe un Dios en el sacro
de mi cielo se ha marchado.
Que a la vida yo reclamo
porque mi madre se ha nublado.
Que se marche pronto todo dolores
Que se apague de golpe la nostalgia.
Que la plegaria resuene en oraciones:
Que curen los afligidos y el cielo haga alegría.
El alba derrame esperanza y aflore
desterrando este cielo enfermo nublado.
Lacrimosas no caigan más en mi noche
que me duele, hoy, mucho tanto.
lunes, 22 de junio de 2009
CUANDO LA MUERTE ACECHA

Empecemos por el principio. Eran cuatro: un hombre solo y triste en su alcoba, luego le llegaría la muerte, el cuervo y finalmente “el cuarto”; en la alcoba imaginen que hay un pupitre, ahora sientan la sangre, sientan el frío, imaginen que hay una alcoba donde se desangra la vida en paredes con frases teñidas de muerte, allí está la verdad, la alcoba, el pupitre…el hombre solo…solo… y triste, contando las últimas palabras que cubren la noche /alguien descansa/ alguien a muerto…alguien morirá mañana. Es “el cuarto” quien decide.
Empecemos.
Este no es el principio, pero vale la pena recordarlo.
En la alcoba hay un cuervo, ha venido a llevarme…
Plumas negras y alas caídas, impregna el miedo por los huesos, sonrisa espectral de calavera, las manchas negras, aquellos ojos compasivos sin iris ni pupilas, el pico de bronce, la altura de trece pasos contados métricamente.
En la alcoba hay un cuervo, ha venido a llevarme…
El hombre siente que la vida no le da más tregua, quiere hacer mucho y no encuentra nada, en el pupitre escribe, escribe y las letras sólo reflejan las manchas negras…duele. El aire ahorca la vida, el pico de bronce exhuma el corazón buscando la noche, sentenciando la muerte del hombre, hay heridas, hay sangre que se revela, corre el miedo, corre la sangre por los pies descalzos de “el cuarto”; las patas doradas desgarran súbitamente las entrañas de la tristeza y la soledad del hombre, apropiándose de ellos, de su verdad, de sus palabras, de sus ojos. El hombre trata de reincorporarse pero la muerte se marcha con su alma tras la ventana, el cuervo ríe alimentándose vorazmente de la noche que queda, del hombre triste y solo, desgarrando su piel, sus ideas, sus ojos que ahora solo son dos manchas negras sin iris ni pupilas…duele. Mientras que alguien escribe empalmando fijamente el carboncillo en el pupitre, es “el cuarto”, no es la muerte, no es el cuervo…es “el cuarto” quien decide cuales serán las últimas palabras.
Desde el principio.
Eran cuatro: El hombre en su alcoba, buscando la verdad en el pupitre, luego le llegaría la soledad y después la tristeza. En su alcoba miraba su destino, la ventana, sus manos /no encuentra nada/ la soledad le llegó y con ella los recuerdos que se acoplaron en sus ojos…la tristeza. Mientras tanto la muerte acechaba tras la ventana, tras su espalda el frío, sembrando el escalofrío en la frente del hombre triste y solo – solo y triste, quemando la piel y contando sus últimas palabras.
Regresemos al hombre solo y triste en su alcoba, ahora está en el pupitre forzando la verdad a medias tintas, apretando el carboncillo con rigor /no encuentra nada/ absolutamente nada que decir…le a llegado la hora, alguien le cuenta sus últimas palabras, es la muerte, sólo quiere llevarse su alma, después llegará el cuervo para consumar lo escrito. El tiempo le ha llegado alhombre y el emisario se hace presente, ha llegado la muerte. Algo humano le retiene a pensar que no quiere morir aferrándose a su última noche, quiere hacer mucho /no encuentra nada/ destierra sus letras en retirada buscando enmiendas para justificar los errores /no encuentra nada/ entonces el hombre triste y solo mira la ventana sin mucha suerte, en su túnel hay un futuro que se refleja en los cristales, imaginen la ventana y en ella hay palabras, todo está escrito, alguien ya decidió cuando y donde…en su alcoba a entrado la muerte, hay dolor, hay heridas, hay palabras que comienzan a revelar lo oculto /la verdad/
El miedo corría tras los pies descalzos, en la piel se escarchaba el frío o la daga de la muerte, era lo mismo. El gemido se hacía más latente, ese maldito gemido que aparecía impregnando el miedo por los huesos, era el cuervo y esperaba su turno, mientras la muerte se retiraba lentamente con el alma del hombre, cubriendo la noche con su manto fúnebre en retirada. Las manchas negras esperaban pacientes el momento exacto para consumir la última noche, mientras en la misma alcoba alguien apretaba el carboncillo con rigor…no era la muerte, no era el hombre. Escribía en el pupitre emitiendo un sonido insoportable, imaginen el sonido cacofónico que araña el pupitre; alguien apretaba el carboncillo sin bacilar, la verdad se reflejaba en el pupitre, “alguien ha muerto, alguien morirá mañana”, las paredes se tiñen de muerte, es cuando el cuervo ataca, el hombre se resigna hacerle frente y coge un palo y golpea, golpea, golpea tres veces los ojos, la mancha negra sombría y melancólica. Golpea hasta que se quiebren los músculos, se deshojen los brazos y la compasión de aquellas dos manchas sin iris ni pupilas, golpea con furia pero parece que eso no es suficiente, el pico de bronce se clava en el pecho del hombre buscando la noche, las paredes se revelan con frases de muertes…alguien ya terminó de escribir las últimas palabras. La muerte tras la ventana se marcha con el alma y el cuervo se satisface devorando los restos de el cuerpo…en la alcoba no hay bulla, solo hay un pupitre, la verdad y las últimas palabras, la victoria es de uno y el hombre no le ha ganado, no le ha ganado…
Ahora alguien descansa con dulzura, la vida del hombre cada vez es más precaria y el aire ahorca los suspiros. El gemido hace eco en las cuatro paredes, el hombre mira con compasión el pupitre, al cuervo que descansa.
Todo pudo ser un sueño pero alguien ha despertado, alguien escribe y busca la verdad en el pupitre, en él halla un escrito cubierto de sangre en las paredes:
“cuando la muerte acecha, solo te pide tus últimas palabras y no encuentras nada y no encuentras nada”. El hombre absorto, tembloroso por la verdad revelada mira por última vez su ventana, mira por última vez al cuervo y repite: “como gime la desgraciada…como gime la desgraciada”, esas fueron las últimas palabras del hombre solo…solo y triste, “el cuarto” ya lo había escrito desde el principio en su pupitre, en la ventana, en las paredes y; en la alcoba el silencio se manifiesta sin bulla…”alguien ha muerto, alguien morirá mañana”.
Todo pudo ser un sueño, todo puede ser una ilusión, escribo y aún así… duele. Tras la ventana miro el futuro y surge la pregunta. ¿Cuáles serán tus últimas palabras? El que decide ya lo ha escrito…
La muerte espera, alguien a lo lejos comienza a gemir, el carboncillo nuevamente se aprieta con rigor, ahora imaginen por última vez la alcoba, el pupitre, el hombre triste y solo con sus manchas negras, sin iris ni pupilas y las paredes teñidas de sangre que revelan las últimas palabras en la alcoba sin bulla, sientan el frío en la frente, sientan que la muerte les toca el alma, es cuando ella acecha, es cuando la piel se escarcha, es cuando el cuervo ataca. En la alcoba hay un pupitre, el hombre que escribe, luego le llegará la soledad y la tristeza cuando el silencio se manifieste sin bulla, sin bulla y no encontrará nada, no encontrará nada /cierra la ventana/
Escrito por: Abel del Valle
miércoles, 13 de mayo de 2009
ECLIPSE

¡Oh! amor
En otoño
Inventaré suspiros
Conquistaré sueños
Callaré al silencio
Expandiendo mis huesos
clamaré
¡Libertad! Libertad os juro
Queriendo que sepas
Que detrás del ocaso
Hallarás un beso
Guárdalo en tu tiempo
Llámame para verte
Juguemos en las sombras
Brotemos de la tierra
¡Digamos amor de primavera!
Juntos en el universo raso
Miremos una estrella
De nubes negras
Parisienses
Que son testigos
De una eterna espera
¡Libertad! vencer al destino!
Romped estas cadenas os digo
*
Escucha tú mi sol
Germina los rayos
en mi niebla serena
seamos fuertes
Para amarnos
!Cantemos la canción de oro!
y digamos París otra vez
*
Decidlo fuerte entonces
princesa
Hasta que las ideas
Se complementen
En una sola voz
callando eternamente
en el final
De esta aurora.
Entonces tócame
Se hagan versos
Que los versos
Se hagan miradas
Que las miradas
Se hagan promesas
Que las promesas
Se hagan libertad
Y que la libertad
Recorra nuestros labios
en un
del amor
sábado, 21 de marzo de 2009
Hasta siempre, luna nueva.
en sobrevuelo, un adiós que parte.
Sin escudo, los anhelos
que nacen de una sonrisa,
compilada, por buenos recuerdos
Tú dirás: ¿cómo has estado?
Yo respondo: que poco, te he extrañado.
Y el sentimiento vivo en los cristales
que refleja la palabra
a pasos cortos.
Ambos diremos a viva voz,
por qué no fue nuestro amor
un desafío al destino;
que celo nuestra cercanía
y nos separó en una muerte
súbita, de constantes
sufrimientos sin fondo.
Mi vida era extrañarte,
escribir en un tramo lejano
un cuento de miradas,
de suspiros al instante
de lunas en prosas.
Pero hoy, el destino
es el que ha hablado.
Tú dirás: adiós con espaldas.
Yo diré: hola, como has estado.
Y el tiempo en el firmamento
llora desconsolado:
“Qué poco, se han amado”
domingo, 22 de febrero de 2009
En recuerdo de Septiembre

encarnan nuestro beso.
Las ilusiones utópicas
de hacerte mía.
Los cisnes y los valles
muertos, en la amargura,
de tu veneno desbordante.
Tan fría y penetrante
tu voz de aurora.
La canción que profesa
La ilusión perdida,
de tu sonrisa dormida
y tus melenas de libertinaje
que se recrean en mí todavía.
Oh! amada mía,
dime que nostalgia
ha sembrado tu labio en mí…
Que aún tu fragancia
me queda a melancolía.
Siendo golpes tus labios
Mi tarde de Septiembre
la consagtro en ti
Memorable Septiembre,
amablemente suave
encarna en mi boca tu nombre
y márchate ya…sin tregua.
jueves, 19 de febrero de 2009
He visto crecer a una rosa...
y que pena me ha dado...
Con los recuerdos,
cuando le cantaba
mis versos azulados.
Creció en mi bello atardecer,
en el jardín de
buenos tiempos mozos.
Hasta parece que me
dice una buena palabra.
De la tarde de medio sol,
donde me ha sonreído,
donde la besé tristemente
en la azucena de su frente blanca,
Tan indefensa aquella…suave
Con sus delicados pétalos blancos
Tan cautivante ante la hiel
del eclipse solar
de mi frívolo pecho.
La he visto crecer en primavera,
en el júbilo de las golondrinas
que se aman al compás de dos olas.
Ya lo decía de buena gana:
Recuerdos de cánticos azulados.
A media luna, la contemplo,
con una mirada fija, y,
ella me canta alegremente
una mirada tibia
dulcemente acalorada.
Ha crecido, mujer madura.
Ha caído a otros labios
y este pobre amor que le profeso
a marchito: llora, sí llora
la buena palabra, de tu nombre.
de mi triste, entierro.
viernes, 9 de enero de 2009
Miserable olvido humano.

Camino de a dos arrastrando mi pasado, desgarrado los libretos.
Cuando el aire no me pertenece, maldigo el desastre que me agobia.
Conjunto de amarguras en un vaso de agua salada.
que sacude los dardos, que humilla los sentidos, atmósfera tenue
oscura, muy oscura, que no se puede palpar.
Miren aquel hombre, esta triste, han matado su sonrisa.
Entumecidos los nervios, el dolor duerme y no se siente.
La fugaz burla que se extiende, gemidos que se jactan a oscuras.
Nadie sabe el porqué de su silencio y, la risa dice callada,
Miren aquel hombre, esta triste, han matado su sonrisa.
El delirio que se despoja del vientre de una madre,
pérdida tras derrota le obligaron a morder su melancolía.
Usufructo, goce por la desdicha, el honor entre aplausos,
la dignidad hecha escombros de un vestido de desprecio humano
como pan de agua salada que no endulza la vida.
Miren aquel hombre, esta triste, han matado su sonrisa.
"que te han hecho, hijo mío"
Y yo sórdido, temeroso a mi respuesta le dije:
Estoy triste, espacio en blanco; han matado a mi sonrisa,
La han matado y duele, es oscura, duele mucho
lunes, 29 de diciembre de 2008
Lluvia, dulce aguacero.

de un horizonte seco, humedo aguacero,


